viernes, 28 de agosto de 2009

Chocolateterapia familiar

The future of society is in the hands of mothers









"The future of society is in the hands of mothers"


Una marca de agua mineral de un manantial del Montseny sortea una noche de hotel en Andorra y una visita a Caldea, peeling de vinoterapia o chocolateterapia incluido. El interior de la etiqueta reza:

“Oferta válida de lunes a domingo, del 15 de mayo al 31 de julio de 2009 y del 13 de septiembre al 30 de noviembre de 2009, excepto del 2 al 12 de junio de 2009, del 10 al 12 de octubre de 2009 y del 16 al 20 de noviembre de 2009.”

Añade:

“NO OLVIDES CONSERVAR TU TICKET DE COMPRA, si ganas lo necesitarás.”

Lo leo desconcertado, desorientado. Guardo la etiqueta para releerla luego de camino a casa, pero con la firme intención de no participar porque (1) Andorra es el país más aburrido del mundo, (2) no tengo coche y odio viajar en autobús más de una hora y (3) dudo si valdría el ticket del restaurant en el que estoy cenando, y odiaría la decepción de ser descalificado en caso de que me tocara.

Unas horas antes había leído mi titular del día del periódico: “Un vigilante evita que una mujer se suicide y la salva de su agresor”. Me pregunto si es 28 de diciembre cada día.

Me digo que, leyendo el periódico todos los días como he venido haciendo últimamente, y con estas otras pequeñas cosas cotidianas, puedo suplir mi vacío existencial. He encontrado mi leit motiv. Por lo menos, hasta que tenga un hijo, si es que eso sucede: todas mis parejas hasta la fecha han dudado de mi capacidad y madurez para ser padre. Por suerte mi novia que no es mi novia por ahora solo lo ha insinuado pero sin afirmarlo taxativamente: ella es ésa que siempre tiene la razón en todo, que la tiene de verdad, y por eso la quiero y la odio.

Estoy cenando con mi sobrino de tres años a quién acabo de conocer. Están su padre y hermano mío, mi hermana y mi madre; mi padre se ha retirado hace un rato. Al mediodía, he llegado tarde al restaurant donde estaban comiendo, a la hora de los postres. La familia, que por entonces incluía otros tíos, primos y niños y ocupaba medio comedor, ha tenido que esperar mientras yo devoraba un bistec con patatas y un delicioso soufflé de chocolate cubierto de chocolate y relleno de chocolate. Hemos ido a las fiestas del barrio: chocolatada, marionetas y payasos. Mi madre ha sacado un montón de bonitas instantáneas de mi interacción con el niño: haciéndole volar, poniéndole caras, dejando que me robe la barba para ponérsela, sujetándolo por los pies con una mano como a un pollo mientras su padre me mira preocupado, riéndole las gracias, malcriándolo.

La marioneta que le he regalado, una original obra de artesanía con el pelo en llamas, pico en lugar de boca, ojos saltones, grandes pies y un traje  rojo y violeta con guirnaldas, le ha dado miedo y ha habido consenso familiar de que es poco adecuada. Lo mismo con el libro para aprender inglés de 1954  que encontré en un mercadillo a 8.000km. de aquí. Se ve que, a esa edad, los niños todavía no hablan inglés ni mucho menos lo leen, ni tampoco saben apreciar el encanto de lo viejo, antiguo en sentido estricto ya que el libro tiene más de 50 años. Como he tardado tanto en conocerle, le he traído no uno ni dos, sino tres regalos. La funda de cojín con un elefante bordado en patchwork me ha salvado del escarnio familiar.

Vive en Munich y pasa solamente algunos fines de semana con mi hermano, se separaron durante el embarazo. Ella se volvió loca y creía que mis padres querían raptar a su nieto, por eso hasta ahora no le había dejado salir del país. En este tiempo he viajado a otras partes de Alemania en varias ocasiones pero nunca lo bastante cerca de Munich. Mis padres me han invitado a acompañarles dos semanas santas consecutivas, pero siempre tenía otros quehaceres que ahora no recuerdo. Me sabe mal no haberle conocido antes, porque ha sido una tarde divertida.

 

1 comentario:

  1. No te preocupes por tu paternidad: los tíos tenéis un par de pelotas cargadas de futuro.

    ResponderEliminar